El país de la simulación

Salimos con mi mamá. Le invitamos unos tragos en La Mezcalera. Las cremas de cajeta estaban riquísimas, y los “envueltos de paquidermo” fueron la revelación. De ahí nos cruzamos al Dandy del Sur (o Dandy´s, como le acostumbramos llamar) y proseguimos con las cervezas, los clamatos y las palomas. Para no fallar, rematamos en el Ruben Hood Bar (Ruben´s para los conocedores) con mas cerveza y sangría. Ya faltando minutos para las 2 de la madrugada, nos retiramos, yo conduzco a dejar a mi señora madre a su guarida, cuando ¡ups! que nos topamos al retén del alcoholímetro (torito, chupómetro, etc, etc, etc.). Como es parte de la conocida estrategia, una vez que alcanzas a reconocer a dicho retén, ya te es imposible eludirlo. A pesar de estar seguro de haber ingerido mas del límite del radical oxidrilo permitido por la ley, yo (y mi alcoholismo latente) consideré que iba en condiciones de conducir correctamente, pues entre la buena comida, la vasta botana y el largo colmillo, después de tantísimos años no me atrevería a volver a manejar ebrio. Total, me detiene el oficial y me pregunta que si he bebido, a lo que respondo certeramente que si (solo una, que tal). Me pregunta que de donde venimos, respondo que de una reunión (obvio, seguramente vengo de una plática AA o un congreso Amway como para venir tan alegre). Inmediatamente me pide apague mi vehículo automotor, le proporcione las llaves del mismo, también licencia de conducir y tarjeta de circulación vigentes. De muy mala manera procedo a acatar la orden de nuestra “respetable” autoridad local, pensando instintivamente: “a poco este cabrón no se da cuenta que vengo bien”. Recapacito instantáneamente, y aunque el oficial fue nada amable alcanzo a comprender que está intentando cumplir con su labor. Me piden descienda del vehículo y pase a la unidad móvil para que me apliquen una prueba de verificación de niveles de alcohol. Llego y amablemente saludo al personal, que con su cara de tabla ni responde; al final de la unidad el supuesto médico en turno, sin identificarse ni portar insignia alguna me pide que tome asiento y cambiándole de punta al dispositivo me pide que sople. Considera que no soplé de la manera correcta y me muestra como hacerlo, para pedirme que repita el procedimiento. Acato la instrucción, el mira el dispositivo y dice: “uhh, ni siquiera te tomaste una cerveza, vete”, claro, sin mostrarme (ni explicarme) el porcentaje del alcoholímetro. Procedo a salir, una oficial en la entrada de la unidad móvil de muy mala gana me regresa mis documentos y me pregunta que de donde soy originario…

…Platicando en repetidas ocasiones durante reuniones familiares, poco a poco íbamos determinando la sintomatología genérica de la burocracia en México. Hablábamos de educación, de salud, de seguridad, de los temas mas cotidianos que nos aquejan, para variar. Le platicaba a mi tío (político, pero mas consanguíneo que uno que otro familiar que si lo es) lo confundido que me dejaban ciertos procedimientos de carácter gubernamental, como las notorias discrepancias del descrito en mi anécdota anterior. Le explicaba que mientras con desagrado acataba las instrucciones de los oficiales (porque si, a nadie le gusta que le apliquen la ley), me incomodaba mas que el trato y la información concerniente a los niveles de alcohol permitidos no estuviera a la vista en su unidad móvil, y que las cosas sucedieron confusamente al grado que no supe si el dispositivo no funcionó o el presunto médico “me hizo el favor” y me dejó ir “alegremente”.

chris rockerstar en la carretera tecate-mexicali (rumorosa)

 Les presento “el país de la simulación”. En la carretera Tecate-Mexicali (La Rumorosa)

Analizando diversos procedimientos en cualquier sector público, concluimos que los procesos aparentemente están bien construidos, sin embargo están orientados al resultado estadístico y no a la verdadera calidad en el servicio, y en muchas de las ocasiones, en la terrenal realidad, no cumplen con el objetivo inicial del programa en cuestión. Comencé a sospechar que el médico de la unidad móvil del alcoholímetro me dejó ir, no por “buena onda“, ni mucho menos por sobrio, mas bien como dijera Echeverría: “sino todo lo contrario”. Fui afortunada víctima de un procedimiento de rutina mas allá del asegurarse que se reduzca el índice de conductores ebrios, y por tanto los accidentes automovilísticos. La razón fue muy obvia, me dejaron ir porque fui el último conductor al que inspeccionaron y en sus registros necesitaban cumplir con un mínimo de revisiones determinadas para justificar su trabajo. Entonces, ¿me estás queriendo decir que los Oficiales de la H. Policía Municipal no están activamente interesados en el bienestar y la seguridad de la sociedad? Comprobé que fui el último vehículo pues para llegar a mi destino tuve que dar vuelta en “U” y el retén ya se estaba levantando. Evidentemente sancionarme implicaría hacer todo un papeleo, involucrando el “extra” de varios elementos, desde el médico que levanta el reporte de alcoholemia, el oficial que le da seguimiento y me procesa, y hasta el conductor de la grúa que se lleva mi vehículo. Dicha tramitología a las 2 de la madrugada implicaría retrasar la partida del personal, por lo que como acuerdo implícito es más sencillo aplicar el “yo autoridad hago como que trabajo y tu ciudadano haces como que no pasa nada”, o mas resumido “fingimos demencia”.

Claramente a nadie nos incomodaría tener un respiro con el antes descrito, en el cual inintencionalmente nos escabullimos de la ley y el “destino” nos perdona, para (idealmente) aprender la lección de vida. Mas sin embargo, póngase usted, fino y sabio lector, a cavilar sobre la cantidad de procedimientos burocráticos existentes en nuestra ciudad, estado y país; y cuantos de ellos existen por “cumplir”, siendo relegados a la inexistencia de un propósito o fin común y útil para nuestro diario vivir. Es tan cotidiano observar que el gobierno justifica acciones (y por supuesto gastos ¡de nuestro bolsillo!) con estadísticas impresionantes como “en el último ciclo escolar, el porcentaje de reprobación en alumnos de bachillerato en la ciudad de Tijuana se ha consolidado en una cifra menor al 32%” *** lo cual implicaría que nuestro sistema educativo (y nuestro gobierno) está haciendo “bien” su trabajo, con una cifra “aceptable”, pues si la mínima calificación aprobatoria para un estudiante de bachillerato es 6 o 7, (midiendo con la misma vara) el sistema estaría aprobado.  En este caso el gobierno nos ha “catafixeado” el objetivo primordial del sistema educativo que es la capacitación y la formación académica por su “mismo pero mas barato” (y ni tan barato) concepto de “aprobación“. Podría mencionar muchísimos ejemplos en cuanto tantos procedimientos habituales en los que se cumple con una meta estadística para proveerle a la sociedad una comprobación de nuestro trabajo como funcionarios públicos, y darle a nuestra comunidad cierta “tranquilidad” y confianza de que cualquier situación que les aqueje “se está trabajando en ello”; pero… (¡cha-ca-cha-chan!)  los funcionarios ¿ya estamos haciendo algo por minimizar la burocracia y maximizar la atención al cliente, la eficiencia, la equidad laboral y el trabajo orientado a beneficios reales para la comunidad? y los ciudadanos ¿ya estamos analizando las reglamentaciones implementadas, poniendo en práctica aquellas que son eficientes, quejándonos ADECUADAMENTE sobre aquellas que no lo son y sobre aquellos maltratos por parte de los burócratas/funcionarios, y (muy importante) propagando una cultura de razonamiento, denuncia y trabajo colaborativo? Ah, pero que paquetote, ¿verdad? ¿No sería más fácil hacer como que nada pasa y vivir en “el país de la simulación”? Definitivamente si, pero… ¿usted en que país quiere vivir?

***cifra estadística real tomada del portal del Sistema Educativo Estatal de Baja California:

http://www.educacionbc.edu.mx/publicaciones/estadisticas/2014/IndicadoresEducativos/Bachillerato.htm

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About chrisrockerstar

Nacido en Ensenada, Baja California en 1983. Técnico en Electrónica Digital, Licenciado en Psicología, ESL Teacher y Profesional de Enseñanza Musical. Amante de la música, de los detalles, de la obsesivo-compulsión, de la lógica, de las cosas simples, de la sabiduría de la naturaleza, de mi mujer y de la existencia misma.

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