Maternidad: ¿convicción o tradición?

No necesito abundar mucho en el precepto básico de que la maternidad (por ser lo que nos tiene a todos aquí) puede llegar a ser un acto de amor, fe y valentía; brindando enorme felicidad a la progenitora, a su gente cercana y, claro, al nuevo ser. Sin embargo, este extraordinario acto de dar vida a otro ser, ¿es un acto realmente voluntario y por convicción, o una mera consecuencia de la programación biológica y del deber-ser; es decir, de la expectativa social y su reforzamiento hacia la maternidad como máximo medio de realización femenina?

Estoy, y estamos rodeados de abundante maternidad, en todas sus variantes. Debido a que dejé de ser (involuntariamente) un joven-adulto para convertirme  en un adulto-adulto, muy a menudo observo en el facebook las publicaciones que anuncian la nueva maternidad de muchas conocidas; después de los 30, no se vayan a quedar (dice la sociedad). En mi trabajo (escuela de media-superior) también veo alumnas que de un día para otro en vez de portar su falda del uniforme, usan pants, señal muy común por estos rumbos para denotar embarazo. Ahora, embarazo es embarazo; significa una alta probabilidad de darle vida a un nuevo ser, pero… ¿son acaso estos ejemplos (entre otros) embarazos similares? Depende. Mientras la concepción biológica tradicional conlleva un proceso muy similar, las condiciones psicosociales pueden ser diversas y, por supuesto, el motivo y razón (tanto aparente como real) que le lleva a la mujer a parir, a tener un hijo (a).

La sociedad (por lo menos la mexicana), en su gran mayoría católica, apostólica y romana, sostiene que mediante ningún motivo se deberá de utilizar ningún método anticonceptivo que no sea natural, ni mucho menos se deberá interrumpir la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. No se si ustedes recuerden una “pequeña” cosa llamada la santa inquisición, instituciones católicas que claramente utilizaban métodos de tortura y (si, ¡adivinaron!) de interrupción de la vida. Voy a dejarles ese pequeño dato para que reflexionen, y prosigo. Naturalmente si una mujer queda embarazada, y no era su deseo hacerlo, la culpa juega un papel indispensable en ella, pues el grueso de la sociedad le incita, sin importar lo que sienta, piense y quiera, a tener ese ser. ¿Por que culpa? Fácil. Le crean a la futura madre la idea de que la interrupción de la vida de ese nuevo ser sería una clara falta moral en la sociedad  y por tanto, una vergüenza y mal ejemplo comunitario; en pocas palabras: un pecado. Entonces, esta futura madre engendrando un ente no planeado y no deseado esta fuertemente presionada a darle vida, sin importar el desapego y la desatención que futuramente ella pueda tener hacia el, y sin importar de que manera este nuevo ser cuarte (involuntariamente) los objetivos, metas, anhelos y proyectos de vida de su madre; aunque claro, sigue siendo su decisión tenerlo.

Aparte de esta clara correlación católica de aborto-pecado, históricamente, puesto que una de las funciones biológicas mas importantes de una mujer es tener hijos, el procrear se ha conceptualizado como la mas grande realización de toda mujer. También me queda muy claro que hoy en día existen muchas mujeres que son claro ejemplo a seguir no solo en el hogar, sino en el ámbito académico, profesional, empresarial, científico, y demás, y en menos de lo que canta un gallo con sus habilidades y conocimientos me dejarían perplejo y hasta en ridículo; sin embargo, todavía existen muchísimas mujeres que se siguen dedicando exclusivamente al hogar, y sobre todo que conciben su maternidad no solo como la máxima realización existencial, sino como la única.

hace muchos años

“hace muchos años”

En México, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía indica que la densidad de población del país es de 57 habitantes/km² (posición 153 a nivel mundial**), habiendo 95 hombres por cada 100 mujeres, con un promedio de poco mas de 2 hijos por cada mujer mayor a los 12 años (si, 12 años), con un 55% de la población (mayor a 12 años) viviendo en pareja y de las cuales el 72% de dichas mujeres que viven en pareja usan algún método anticonceptivo (dicen).*** Podría interpretar estos números y decir que entonces no vamos tan mal y que la grandísima mayoría de las mujeres hoy en día evitan el embarazo y, de así serlo, tienen hijos voluntariamente, sin presión social, y como una parte de su crecimiento personal, ¿correcto? Lejos de la realidad. El hecho de que la estadística indique que mas de la mitad de las mujeres que viven con su pareja utilizan un método anticonceptivo no asegura 1) que esto sea verdad (que mas le queda al INEGI que confiar en su población jeje), 2) que utilicen el método de manera eficaz y regular, 3) que ese sector poblacional sea el que sostenga mayor frecuencia de relaciones sexuales (eso incrementa las posibilidades de embarazo, ¿verdad?), 4) que no hayan tenido hijos previamente, y 5) que si llegan a tenerlos no signifique para ellas su máxima y única realización existencial como mujeres.  ¿No tan alentador verdad?

Durante los últimos 60 años la población en México ha crecido 5 veces, de 25 a 112 millones de habitantes. En 2012, mas del 19% de las madres eran adolescentes (menores de 20 años), siendo Baja California el estado #9 con mayor promedio (mas de la media nacional antes mencionada), solo el 20% de dichas madres adolescentes tiene bachillerato terminado y solo el 11% una carrera profesional; siendo poco esto solo el 21% de esas madres adolescentes son económicamente activas. Lo que podríamos traducir vagamente de toda esta maraña de datos es que:

En México aproximadamente existen 1.5 millones de nacimientos por año. De cada 10 mujeres embarazadas, 2 son adolescentes. De cada 10 mujeres adolescentes embarazadas solo 2 terminaron su preparatoria, y solo 2 trabajan

Estoy plenamente consciente que no es una regla, pero tanto los preceptos sociales de este país, así como los datos estadísticos antes mencionados me hacen creer que existe una muy probable correlación entre la baja escolaridad, el arraigo a creencias religiosas (arcaicas), y la carencia económica (en menor grado) con los embarazos a temprana edad; y de ahí, una correlación entre los embarazos a temprana edad con la des-educación de los hijos y la insatisfacción emocional (y existencial) de la madre. Si tomamos esas dos premisas para hacer un silogismo podría concluir burdamente que las mujeres con baja escolaridad y creencias religiosas arraigadas tienen mas probabilidades de tener hijos a temprana edad, los cuales crecerán con muy poca educación. Estoy seguro que mas de una persona se puede sentir ofendida con esta tosca conclusión, sin embargo créanme que no es mi intención hacer sentir mal a nadie, puesto que después de todo, también tengo madre. La moraleja de este análisis es: libérense de las culpas y los prejuicios, no permitan que su círculo social dicte que deben hacer, mediten muy bien su futura-probable maternidad (y paternidad también) evaluando que beneficios y perjuicios existirán de aquí en adelante para su vida, la de sus parejas, personas cercanas y del nuevo ser; y que así cuando decidan traer a un individuo mas a este sobrepoblado, careciente y malicioso planeta, sean ustedes capaces de brindarle amor, cariño, atención y muy importante: EDUCACIÓN a esta nueva vida, contribuyendo así a mejorar un paso a la vez a este complejamente torcido mundo. Y si meditan todo esto muy bien y deciden por lo pronto (o permanentemente) no traer hijos a esta tierra, crean que también están haciendo un bien en lo personal y lo colectivo; o lo que es en otras palabras: ¡dejen de preguntarme cuando tendré hijos! ¿Verdad que sonrieron?

**fuente:

http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Pa%C3%ADses_por_densidad_de_poblaci%C3%B3n

***fuente:

http://www3.inegi.org.mx/sistemas/temas/default.aspx?s=est&c=17484

 

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About chrisrockerstar

Nacido en Ensenada, Baja California en 1983. Técnico en Electrónica Digital, Licenciado en Psicología, ESL Teacher y Profesional de Enseñanza Musical. Amante de la música, de los detalles, de la obsesivo-compulsión, de la lógica, de las cosas simples, de la sabiduría de la naturaleza, de mi mujer y de la existencia misma.

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