encrucijada transaccional: ¿quién está bien?

Viernes: Saliendo del trabajo, nos disponemos a cruzar brevemente a Estados Unidos, para comprar algunos pequeños faltantes. Ya en la tienda, pasamos por la sección de camping, y al ver unos llaveros en forma de mosquetón de alpinismo, recuerdo que el que tengo ya no funciona adecuadamente por lo que decido tomar uno. Al llegar a casa y querer soltar el llavero de las abrazaderas plásticas que lo unen al promocional de cartón, noto que el cartón claramente dice que el paquete contiene 2 piezas, lo cual me cuesta trabajo creer pues no existe orificio alguno que indique faltante, ni hay soltura en las abrazaderas de plástico que sostienen al único llavero existente. Bueno, sucede; me sucede.

Sábado: Casa de los suegros. Nos disponemos a freír pescado empanizado para lograr unos suculentos tacos de pescado, con celebración del regreso del cuñado a la ciudad de Tijuana. Mi suegro rápidamente intenta conectar la mina de gas al sartén de disco (comúnmente conocido como disca) cuando al el tener dificultades me percato de varias situaciones ajenas a mi suegro: la manguera que conecta a la mina de gas está lejos de ser la mas adecuada, no trae conectores adecuados ni regulador de gas sino una pequeña llave intentando simular uno, la base que sostiene a la disca naturalmente por la parte de en medio provee el fuego, sin embargo por afuera uno no es capaz de ver si existe o no, y al levantar la disca no se concentra suficiente oxígeno como para mantener dicho fuego, y si llega a estar, se observa muy poco por la cantidad  de luz y por el pésimo diseño del quemador. Después de batallar y que mi suegro tuviera que improvisar con abrazaderas para evitar las varias fugas de la manguera, se logró encender el fuego y procedió a verter el aceite. Con el intento de regulador y la poca/nula visibilidad antes mencionadas, es virtualmente imposible lograr una temperatura constante e ideal para que la comida se fría como debe, por lo que después de un inicial par de pescados literalmente incinerados, de un cambio total de aceite y de un constante prendido y apagado, mi suegra interviene para lograr el objetivo incómodamente. Después de todo, el que persevera alcanza, ¿o no?

Domingo: Día obligatorio de compras semanales, regularmente de comestibles. En esta ocasión, como eran pocos los ítems que comprar nos dirigimos al establecimiento de abarrotes y carnes conocido con “El Florido”, tomamos un poco de pollo, aguacate, y un paquete de 2 focos (entre otras cosas), mismo que inmediatamente después de tomarlo tuve que cambiarlo porque me percaté que el que habíamos tomado solo traía 1 foco (2 x 1: pague 2 y se lleva uno). Al llegar a la caja, regularmente pongo especial atención en que la cajera marque correctamente los productos que estoy adquiriendo, pues no es un secreto que ocasionalmente por descuido (o maña) cometen el error de marcar mas de una vez el producto adquirido. Sorpresa la que me llevo cuando al salir ella, mOka, me refiere que observando cuidadosa y disimuladamente al empacador, un señor de la tercera edad, lo sorprende que al empacar nuestra compra separa despistadamente ciertos productos, de preferencia no muy grandes y de mayor valor, muy seguramente con la intención de guardarlos para él. Al notar que ella se percata, el empacador al final termina empacando los aguacates junto con el resto del mandado. Yo en desconocimiento le doy $5 pesos de propina, pues valoro su esfuerzo y actualmente junto con un buen servicio en un restaurante o bar y en una gasolinería**, son de las pocas ocasiones en las que doy propina (ver mi artículo “Propinas: voluntad o tradición” del 5/Febrero/14). Al razonar esta situación inmediatamente recordé 2 ocasiones anteriores en las cuales en ese mismo establecimiento “misteriosamente” desaparecieron de mi compra unos chocolates y un pequeño paquete de carne de puerco (carnitas), respectivamente. Me sentí irritado al pensar en como el empacador tomaba ventaja de nosotros, y de muchos otros clientes, que regularmente enfocamos nuestra atención al cobro de los cajeros y cajeras, mientras él sagaz y sigilosamente se hacía de mercancía gratuita y, ¡cómo no! de una propina. Al llegar a casa y bajar el mandado, inmediatamente me dispongo a reponer el foco fundido por aquel que exitosamente cambié (dejando el paquete que solo traía uno) y compré, cuando tomo el paquete y al abrirlo uno de los focos está despegado de su base en forma de rosca. De nada sirvió percatarme del paquete con el foco faltante. Muchos dirían que estaba predestinado a tomar un paquete defectuoso.

Nos disponemos ya de noche a ir al cine, para ver la última película de los “X-Men”, y ya al terminar la película debatimos sobre como el grueso de las ganancias del cine está en la venta de alimentos, mas que en las entradas, cuando al querer pagar el boleto de estacionamiento en la máquina nos percatamos que en horario nocturno ¡el estacionamiento es 5 veces mas caro! Sin previo aviso, sin razonamiento lógico, sin notificación previa a la entrada, a pagar MÁS porque está oscuro. No existe gente que te atienda en una caseta de salida como para tener que cubrir su sueldo con horario extendido, pues como mencioné antes, ya hay máquinas que al introducir tu boleto te cobran la tarifa.

Eric Berne, afamado psiquiatra fundador de la psicología transaccional, menciona que todos los seres humanos para pensar, sentir y actuar (o decidir no hacerlo) nos situamos en 3 vertientes de la personalidad: Padre, Adulto y Niño; y desde cualquier de esas tres condiciones es que reaccionamos en nuestro diario vivir. Por ejemplo: si mOka me dice que porque hoy es viernes por la noche y regularmente esos días son de acumulación (y racionalización) de estrés, y por tanto se acostumbra salir, que entonces quiere ir a comer alitas picantes, como parte de su técnica poco ortodoxa (pero muy efectiva) de desestrés; y yo le respondo que no me es posible cumplirle su deseo puesto que no he ido al banco a cobrar mi sueldo, al ella responderme con un chillante “¿por que  no me llevas? que malo, ¿acaso no me quieres?”, ella estaría respondiendo desde su personalidad de “Niña”, según el análisis transaccional. Me tomo este momento para aclarar que esta ejemplificación es meramente imaginativa, inexistente (hasta este momento) y que cualquier parecido con la realidad (suya o mía), es mera coincidencia.

El análisis transaccional menciona que existen distintas posiciones existenciales mediante las cuales nos dirigimos hacia el mundo y elegimos nuestra postura con los demás. Una muy común es “yo estoy bien, tu estás mal”, en la cual el individuo tiene una buena autovaloración pero concibe a la contraparte, es decir a los demás, como los causantes de sus desgracias y como un entorno negativo. Tras reflexionar sobre mis experiencias de fin de semana anteriormente relatadas es que recuerdo esta útil teoría psicológica y me comienzo a cuestionar: “¿estaré bien o estaré mal? ¿será mi ingenuidad la causante de las peripecias relatadas o es la maldad de ciertos individuos lo que me pone en evidente desventaja?” Sin duda alguna la vida no es blanco y negro, no todo puede ser Ying y Yang, aunque sabemos que existen tendencias, por lo que cedo mi reflexión a usted, estimado lector, que seguramente tendrá una conclusión mas acertada. Por cierto, prometo ser mas cuidadoso de aquí en adelante. Les mantengo informad@s.

**gasolinería: lugar donde se vende y despacha gasolina; gasolinera: despachadora de gasolina. Ejemplo de razonamiento: zapatería (lugar donde se venden zapatos) y zapatera (fabricante de zapatos). Desgraciadamente, esta diferenciación todavía no ha sido aceptada por la Real Academia Española  (www.rae.es).

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About chrisrockerstar

Nacido en Ensenada, Baja California en 1983. Técnico en Electrónica Digital, Licenciado en Psicología, ESL Teacher y Profesional de Enseñanza Musical. Amante de la música, de los detalles, de la obsesivo-compulsión, de la lógica, de las cosas simples, de la sabiduría de la naturaleza, de mi mujer y de la existencia misma.

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