Ineficiencia y desinterés adolescente: ¿brecha generacional?

En la educación media-superior, es decir, en las preparatorias del estado (y del país) tenemos un sistema bastante sencillo en cuanto a la transición se refiere. Como parte de los indicadores académicos con los que la Dirección General de nuestro subsistema mide nuestra eficiencia, la transición es el número de alumnos que pasan de un semestre a otro, lo que (teoricamente) representa que dichos alumnos están aprobando sus materias y mostrando el compromiso e interés necesarios para avanzar de semestre, reflejando una retención positiva, que se expresa como la cantidad de alumnos que permanecen en la escuela con respecto a la matrícula inicial del cada grupo.

Cada inicio de ciclo escolar en agosto se reciben a grupos enteros de aspirantes de nuevo ingreso provenientes de escuelas secundarias, mismos que al término de su primer semestre deberán de acreditar la totalidad de sus materias y al reinscribirse para el semestre subsecuente elegir una carrera o especialidad que cursarán junto con sus materias básicas por el resto de su estancia en la institución (2.5 años si no se atrasan). No es un secreto que el cambio de una etapa a otra (secundaria a prepa) y del primero al segundo semestre son cambios cruciales y un tanto complicados en la vida del adolescente, sin embargo no los consideraremos como transiciones imposibles de lograr exitosamente. Estadísticamente hablando, estamos conscientes de que la transición del primero al segundo semestre es en la que tenemos mas deserción estudiantil, sin embargo en este último cambio de semestre nos ha sorprendido con una creciente peculiaridad.

Los procedimientos para la evaluación del desempeño académico de los estudiantes, estandarizados a nivel nacional, hasta el año pasado midieron la capacidad de comprensión lectora y la habilidad matemática de todos nuestros estudiantes, pues sabemos que de esas dos destrezas se deriva la capacidad de comprensión de los preceptos básicos de todas y cada una de las materias impartidas y por tanto, la correcta ejecución de las labores que involucren el conocimiento adquirido durante su estancia en bachillerato. Por ser la comprensión lectora y la habilidad matemática los dos rubros básicos a medir, no nos sorprende que justamente son las dos cualidades en las que el grueso de la población estudiantil presenta mas deficiencias. Aun así, fue de mi asombro que en el turno vespertino de nuestro plantel, de 7 grupos con un total de 249 alumnos, 120 de ellos reprobaron la materia de Álgebra durante los cursos regulares; arrojando una cifra de mas del 48% de la matrícula reprobada. Esto representa problemas básicos en la comprensión y ejecución de la aritmética, es decir, casi la mitad de nuestros alumnos tiene serias dificultades no solo a la hora de multiplicar, sino hasta en la suma.

De los 120 alumnos del turno vespertino reprobados en Álgebra, solo 97 se presentaron a un curso y examen extraordinarios, indispensables para acreditar la materia y poderse reinscribir a segundo semestre; y solo 45 aprobaron. Entonces; ¿52 alumnos siguen reprobados? ¿Porqué? Fácil (de responder, no tanto de creer): no mostraron interés activo por aprobar la materia. Con esto quiero decir que mas del 53% de los alumnos que presentaron evaluación extraordinaria no asistieron con regularidad al curso previo (de 5 días) y ni siquiera fueron capaces de sacar el 50% de los aciertos del examen correctos; aclarando que dicho examen solo tuvo 18 reactivos, de los cuales 12 eran cuestiones meramente aritméticas (no algebraicas) y los 6 reactivos restantes solo comprendían UN SOLO TEMA (suma algebraica/reducción de términos semejantes). Esto no termina aquí. Los padres/madres/tutores de los 52 alumnos reprobados fueron citados para darles una explicación minuciosa de las deficiencias académicas de sus hijos, y de explicarles el compromiso al que serían acreedores de aceptar recibir una segunda oportunidad para aprobar  la materia (que naturalmente nadie negaría). A pesar de que la institución no tiene obligación alguna de ofrecer nada mas que un segundo y último examen extraordinario, el cual tendrá como valor total de la calificación extraordinaria de un 100%; se les ofrece a estos 52 alumnos una asesoría “express” de tres horas diarias los últimos dos días de la semana. Lo que implica que para aprobar dicha materia los alumnos tendrían que presentar y aprobar un examen de 10 preguntas con una calificación mínima de 6 (aunque la mínima aprobatoria oficial es de 7), no sin antes recibir dicha capacitación y además una ventana de tiempo de 2 días mas para estudiar por su cuenta (el fin de semana). ¿Pues qué creen? Los cursos salieron muy bien, la conducta de los jóvenes fue ejemplar, solo se les explicaron 3 temas medulares del álgebra, se ejemplificaron innumerables veces hasta que la totalidad del grupo argumentó haber comprendido la totalidad de los temas e incluso un gran porcentaje del alumnado presente logro acertar no solo en procedimiento sino en resultado la mayoría de los ejercicios. Ah, y un detalle mas: el mencionado segundo examen extraordinario solo fue aprobado por 7 alumnos.

Con 45 alumnos que reprobaron su semestre regular, un curso y examen extraordinarios, y un segundo curso y examen extraordinarios, la siguiente cuestión era: ¿valdrá la pena hacer un intento mas por regularizarlos? La respuesta, como todo y como siempre, va a variar depende de a quien le pregunte uno. Los altos mandos de la educación media-superior dirán que para no perjudicar los resultados estadísticos y para no arrebatarle una valiosa oportunidad a la juventud habría que darles cuantas oportunidades sean necesarias, mientras que un profesor muy probablemente diría que el reglamento deberá aplicarse equitativamente a todos, y que las oportunidades ya fueron dadas, por lo que alumno no aprobado deberá causar baja. Afortunada o desgraciadamente, las decisiones se toman en base a las exigencias superiores (cuyo cumplimiento sugiere conservación del empleo), por lo que la escuela determina que todo alumno que deba solo 1 o 2 materias podrá ser candidato a una tercera (¡y ahora sí última!) evaluación extraordinaria, la cual en la mayoría de las materias (siendo álgebra una de ellas) solo consistiría en la entrega de un trabajo con el procedimiento y respuestas de 50 reactivos (con dos días para resolverlos).

Siguiendo la ejemplificación de los alumnos vespertinos de primer semestre con álgebra como materia reprobada, “de los 45 que quedaban” (léase con tonito melodioso y repítase), ¿podrá usted fino lector creer que a pesar de que aprobarían con la entrega de un simple trabajo NO todos lo entregaron? ¡Leyó bien! ¡Solo 36 alumnos entregaron trabajo! Y no le quiero comentar qué cantidad de alumnos de acuerdo a los resultados de los 50 ejercicios hubieran merecido una calificación aprobatoria, porque los mayas estarían orgullosos de mi excesivo uso de su descubrimiento-invento de carácter aritmético.

La educación: antes y ahora

La educación: antes y ahora

No es un secreto que la educación básica (primaria y secundaria) ha venido incrementando sus deficiencias, al punto que los alumnos de esta generación antes mencionada presentan serias complicaciones en la lectoescritura y sus habilidades aritméticas. Lo más sencillo (e inservible) aquí como bachillerato es quejarnos, sin embargo hemos optado por desarrollar estrategias alternativas para lograr incorporar el aprendizaje faltante en estos alumnos, pero aún así no parece estar siendo suficiente. Me queda mas que claro que dichas deficiencias pueden ser corregidas en gran medida redoblando esfuerzos, lo que todavía no me cuadra es como lograr que nuestros alumnos muestren interés. Ni con el reforzamiento negativo, ni con el positivo ha funcionado hasta el día de hoy; es decir, reportes, castigos, citatorios, suspensiones, charlas de concientización, asesorías extra-clase, reconocimiento al desempeño y ejemplificación con casos de éxito NO han sido suficientes para que muchos de nuestros alumnos se presten a las capacitaciones extras con el fin de nivelar su bajo (casi nulo) conocimiento indispensable para el nivel educativo en que ahora se encuentran. El paso mas obvio ante la falta de interés del alumno ha sido lógicamente involucrar al padre de familia. La mayoría de ellos están de acuerdo con nuestras intervenciones y dicen estar interesados y comprometidos para que sus hijos modifiquen su actitud y sean receptivos a la enseñanza; pero por alguna “extraña” razón esto no sucede. No es una sorpresa, el desinterés y la apatía de este tipo de alumnos es aprendida, es solo un reflejo de lo que sucede en casa.

Jamás creí que tan pronto en mi vida usaría frases como “en mis tiempos”, pero la realidad es que comienzo a extrañar el nivel académico de las generaciones que atendí hace unos 10 años, y no se diga el nivel general que poseían los preparatorianos de mi generación, o generaciones anteriores. Una vez un compañero de la carrera me dijo: “no puedes ofrecerle ayuda a quien no la quiere”, lo cual me ha quedado muy claro, pero la cuestión aquí es ¿qué hacemos como institución formadora cuando el alumno no está interesado en aprender y ese es justo nuestro propósito?

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About chrisrockerstar

Nacido en Ensenada, Baja California en 1983. Técnico en Electrónica Digital, Licenciado en Psicología, ESL Teacher y Profesional de Enseñanza Musical. Amante de la música, de los detalles, de la obsesivo-compulsión, de la lógica, de las cosas simples, de la sabiduría de la naturaleza, de mi mujer y de la existencia misma.

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